Profana herencia

Todos los habitantes del pueblo acudieron al funeral, celebrado bajo el sombrío manto de la lluvia. Apropiado ambiente para despedirse de tan funesto hombre; Lord Henry Birkett, conde de esta decrépita región galesa y adinerado propietario de gran parte de sus tierras. Mi padre. Solo espero que su cadáver no indigeste a los gusanos que lo devoren.

Los parroquianos me dirigían miradas apenadas pero con un poso de miedo en sus pupilas. Que poco me conocían. Me arrepiento de muchas cosas, pero no de haber marchado a Estados Unidos tan pronto como me fue posible; lejos de estas simples e ignorantes gentes y de la aborrecible presencia de mi progenitor. Que se pudran todos, solo había venido a recoger lo que por derecho me pertenecía y partir de este lugar para nunca más volver.

Finalizada la ceremonia, monté en el carruaje familiar y regresé a la mansión, donde me esperaba un empleado de la firma Derrick & Co. que gestionaría la venta de mis recién adquiridos inmuebles en mi ausencia. Me reuní con él para finalizar la tasación y nos despedimos. Ya quedaba menos para mi ansiado regreso a Boston, uno sin cargas a mis espaldas y con las arcas llenas.

Ultimé los detalles con el abogado de mi difunto padre, que hizo notar la ausencia de uno de los objetos que el testamento legaba específicamente para mí: el joyero de mi madre. Mi madre… Durante toda mi infancia oía a todo hablar de ella como si de un ángel se tratara; bondadosa, amable, inteligente, dulce… adjetivos que nunca pude usar para describirla pues no la conocí. Yo la asesiné, o eso decía mi padre. Su muerte era un pecado con el que debería aprender a convivir, me reprendía a diario. Puede que mi madre fuese un ángel, pero a su regreso a los cielos debió de llevarse todo resquicio bueno del alma de su marido.

La noche llegó, acompañada de rayos y truenos. Disfruté de una frugal cena que me proporcionó una de las lugareñas y me retiré a mi dormitorio, que continuaba con el espartano aspecto de cuando marché a tierras americanas. Me recliné en la cama y observé el techo de la habitación; con el cansancio acumulado del viaje junto a la tensión causada por los viejos recuerdos había acabado exhausto. Mi dañada mente comenzó a visualizar los restos mortales de mi padre pudriéndose bajo tierra, dibujándome una macabra sonrisa de alivio y felicidad por primera vez en décadas. Una breve pero enérgica carcajada surgió de lo más profundo de mi garganta y mis ojos se cerraron. Dormí.

Dormí, pero no. Me hallaba en los bosques tras la mansión, siguiendo las indicaciones que una grave voz arrastrada por el viento susurraba a lo más profundo de mi ser. Corría por aquél húmero y étero paraje arbolado, tropezando con raíces milenarios y resbalando sobre el barro. Mi parte racional se preguntaba por el sentido de aquella persecución, pero el resto de mi ser tenía claro que debía alcanzar esa inmaterial recompensa. Las ramas arañaban mi piel, el viento erizaba mi piel. Todo aquello era un sueño, pero también real. Finalmente, la voz se convirtió en un ensordecedor murmullo ininteligible; una podrida cabaña, mezcla de madera y tierra, se alzaba frente a mí. Terrible y amenazadora, era la guardiana de mi invisible anhelo. Me desafiaba a entrar. Me desafiaba a encontrarla, pero no aquí… Un resplandor cegador. Un estruendo atronador. Sudor y temblores. Desperté en mi camastro, escuchando como la lluvia golpeaba la ventana con virulencia. Había sido solo un sueño… No, sabía perfectamente que no.

Al amanecer, me calcé las botas altas y me cubrí con la gabardina. Era obvio que estaba haciendo una estupidez, pero llevarla a cabo sería la única forma de quitármela de la cabeza. Salí por la puerta trasera a los amplios jardines. Caminé y caminé hasta llegar al límite de la finca, donde una puerta de forja daba paso a los bosques que había visitado esa noche.

Avancé, sorprendiéndome al descubrir que el bosque era exactamente igual al de mi pesadilla. Cada piedra, cada arbusto, cada hondonada… Evité obsesionarme con la similitud e imité el trayecto que había recorrido en mi onírica persecución. La caminata consumió gran parte de mi mañana, pero al fin alcancé la cabaña. Imponente, me invitaba a entrar, más también me advertía de que podría no gustarme lo que allí iba a encontrar. Sentía el impulso de adentrarme en aquel lugar maldito y coger lo que mis entrañas ansiaban poseer, aunque una oleada de temor me sacudía. Crucé el hastiado umbral.

Polvo y muebles apolillados. Una chimenea con rescoldos aún calientes. Frascos de distintos tamaños con desconcertantes contenidos. Efigies hechas con ramas. Pergaminos de cuero con extraños trazados. Y a pesar de aquella marabunta de arcanas aberraciones, mis ojos solo se fijaban en una cajita con filigranas de oro y plata posaba sobre un escritorio. La voz que me llamaba era la de esa caja. No, no era una caja. Un joyero. El joyero de un ángel. Me abalancé sobre él y lo abrí.

Horror, lo que en un principio me pareció un precioso par de perlas se tornó en dos ojos de pardos iris. El mismo color pardo que mis ojos, y no del demoníaco azul de mi padre. En sus pupilas vi reflejada la verdad. Vi a una madre, que desesperada por ver a su recién nacido ser consumido por la enfermedad, acudió en busca de la ancestral sabiduría de la vieja paria que vivía alejada del pueblo. Ancestral, pero también infinitamente cruel. Ofreció salvar la vida del pequeño, a cambio de los ojos de su madre, que jamás podría verlo crecer. La madre aceptó y la bruja succionó la enfermedad de la criatura. Pero la bruja no había sido del todo sincera; con la enfermedad aún en su boca, arrancó los ojos de la madre y vomitó en sus cuencas vacías la podredumbre que había estado consumiendo el bebé. Dos días duró con vida, dejando atrás a un indefenso vástago y un hombre roto por dentro y atormentado. Al final, el bastardo de mi padre tenía razón; soy un sucio asesino.

Conmocionado y gimoteante, me giré para huir de ese maligno lugar con el único fragmento que quedaba de mi madre. Lo que vi quebró el delicado hilo de cordura que aún me ataba a la realidad. Una figura de apenas metro y medio, embozada en despojos de tela y cubierta por la inescrutable oscuridad que proyectaba su capucha. Lo único distinguible era una gran boca de anfibio, negra como la mugre, que susurraba horrores. Mi mirada no se podía apartar de aquella figura, pues sabía lo que venía a continuación: pies y manos serrados, trece clavos en cada globo ocular, extracción de omóplatos, trituración de lengua, arañas que anidarían en mis oídos. Ese era mi fin, pues la dueña de ese purgatorio en los bosques me había cazado.

Aún estando muerto, siento como su larga lengua lamía mis vértebras mientras grababa en mi cráneo arcanos símbolos. Pero si hay algo que aún me atormenta sobre esta serie de sucesos, es saber que cierto cadáver recientemente enterrado sonrío victorioso y burlón por última vez.


Este es mi texto para el reto “Desafío Literario de septiembre: La casa de la bruja”, creado por Jessica Galera Andreu.

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Máscara de porcelana viva

Te observo con el rostro calmo y ojos serenos. Puede que incluso vislumbres una media sonrisa fugaz en mis labios. Mi cuerpo parece cómodo con tu presencia. Ven, acercáte a mí. No siento ningún rencor por lo que ocurrió.

Mas esto es mentira. Bajo mi piel se esconde el Oni en el que me he convertido, alimentado por una fuente de vengativa rabia e implacable justicia. Sentirás un abrasador odio más terrible que el fuego que devoró a Izanami.

Tus pecados van a ser desgarrados por mis demoníacos colmillos y sin embargo te aproximas con gesto bobalicón. Ádios, maltratador mío.

Este es un microrrelato de 100 palabras para el reto ‘Escribir jugando’ de El Blog de Lídia, correspondiente a la propuesta del mes de Septiembre.

El vacío que me persigue

Hay días que, sin razón aparente, mis ánimos deciden evaporarse.
No existe un detonante para esto, simplemente se manifiesta.

Amanezco con el único deseo de no tener que hace frente a otra jornada.
Solo quiero dejarme tragar por el agujero de gusano de mi cabeza.

Estoy aquí tirado, mirando la nada, valorando el porqué de mi vida.
No logro nada auténtico, poco aporto, escaso interés tengo.

La mayoría de mis días transcurren con normalidad, sin compliación.
Pero hay un vacío que me persigue y no sé como acabar con él.

Es una regresión a años atrás. Una maldición. Una soledad que ahoga.

Por suerte, la música es mi láudano.

Ya no me interesa tu libro

Meses después, traigo otra entrada de opinión al blog. Como de costumbre, está orientada al mundo literario, en concreto al “marketing” literario. Para ser más exacto, voy a hablar de mi perspectiva como consumidor de novelas de cara a libros que no son publicados y promocionados por grandes editoriales, un mercado  tan amplio como saturado de opciones, y las técnicas empleadas para darles a conocer pero que acaban generándome rechazo.

Esta entrada va a estar compuesta de tres pequeños apartados: presentación, redes sociales e intencionalidad.

Presentación

Con presentación me voy a referir a la forma que tiene el escritor de hablar sobre su libro y también de su cubierta.

Para empezar, hay unas frases que pueden hacer que mi cerebro desconecte sobre un libro son “un punto de vista único”, “nunca antes has leído algo así”, “una historia como nunca antes habías leído”, “un estilo revolucionario”… Creo que se entiende claramente a qué me refiero.

Estas exageraciones no van a atraer a nadie acostumbrado al mundillo, están desgastadas de tanto uso. Lo único que consiguen es destilar desesperación por llamar la atención. Mejor dejar esas frases grandilocuentes a las editoriales gordas y que ellas se apañen. Para mí no hay nada más efectivo que un “esta es una historia que quería contar, aquí la tienes”.

Ahora voy con las portadas. Primero, si contratáis un ilustrador tratarle con respeto y valorar su trabajo. La ilustración conlleva talento y esfuerzo, razones por las que debe ser un trabajo compensado de forma satisfactoria para ambas partes. Lo último que quieres como escritor es tener un ilustrador enfadado poniéndote a parir por ahí, haciéndote parece poco profesional y de ética “flexible”.

Segundo, si tiráis de imágenes de stock está bien, pero no cojáis las mismas cinco imágenes de siempre. Ya no soy capaz de decir la cantidad de veces que he visto una portada del tío con la capucha y el rostro oculto en ella.

Mi archienemigo.

Redes sociales

En realidad debería llamar a este apartado ‘Twitter’, ya que soy lo suficientemente afortunado como para no contar con otra red social.

Las redes sociales son una herramienta muy potente para dar a conocer tu obra, pero son un arma de doble filo; esa tremenda capacidad de comunicación se aplica tanto para lo bueno como para lo malo. Partiendo de esto, ya se debería de ser consciente de los riesgos que tu actividad por esos lares entraña pero voy a hablar de unos puntos que me molestan personalmente. Aviso, aquí voy a ser egoísta y no tratar esto con el objetivo de hacer negocio, sino de transmitir una “buena” imagen.

Bueno, al turrón: no sigas a alguien para que te siga a ti, y a los cinco días si no te sigue le dejas de seguir. No. Prohibido. De nuevo, lo que transmite es desesperación, alguien que está rascando numeritos para aparentar importancia. Desesperación por relevancia. Actitud interesada. Este es un punto que, como se ve, doy bastante importancia. Es básicamente spam publicitario disfrazado de humano.

Y si eres practicante de esto, al menos no vuelvas a seguir a las mismas personas cada X tiempo; es aún más triste. Personalmente, ya tengo unos cuantos que me han seguido entre cuatro y ocho veces, y creeme cuando te digo que su libro no va a reposar en mis manos nunca. Este comportamiento mata por completo mi interés por cualquier obra que produzcan.

También queda muy feo que cuando alguien te deja de seguir, casi al instante tu le dejes de seguir a él. Al menos en este caso es un interés que ya estaba perdido, pero esa guerra a los números para tener más seguidores es más que vergonzosa, en mi opinión. He visto casos de ciertos escritores de un día estar 11K-10K para al día siguiente estar con 7K-11K. De nuevo, apesta a desesperación. Entiendo la búsqueda de un público al que ofrecer tu novela, pero a veces los medios dicen mucho de una persona.

Para no solo hablar de los aspectos negativos, he de decir que si hay algo que me hace sentir interés por una novela es cuando veo que un autor de verdad siente cariño por lo que está creando y pasión por las letras, cuando un perfil de Twitter refleja el rostro de una persona y no el de una valla publicitaria. Esto va ligado, al último apartado del que ahora paso a hablar.

Intencionalidad

Seamos serios, se ve a la legua cuando alguien escribe sobre un género o tipo de historia porque es la moda y no porque sea lo que el cuerpo le pide. También es muy sencillo de detectar cuándo un autor es movido por verdadera pasión o por otro tipo de intereses más mundanos.

Quizás este no sea un punto importante, o quizás sea precisamente el de mayor relevancia. No lo sé. Yo sólo sé que este es un factor que influye en mí en gran medida. Estoy seguro de que tras leer toda esta entrada eres capaz de adivinar por quién me decanto.

 

 

Nación neumática – Capítulo II: Bienvenido al funcionariado

Había pasado la noche en vela. Le había llevado bastantes minutos procesar el contenido de aquél mensaje; se le llamaba a formar parte del funcionariado de Nación Vapor, de forma obligatoria. No le preocupaba el hecho de pasar a ser un empleado del estado sino al área que le destinaban; siempre que se había imaginado abriendo un sobre de estas características eran el Instituto de Investigación Nacional o la Gran Factoría sus destinos, no una agencia desconocida que formaba parte del Departamento de Inteligencia. ¡Era artefactista, no espía!

Una vez recuperó cierta compostura, escribió un mensaje a Vadil pidiendo disculpas pues no iba a acudir en su ayuda mañana debido a un imprevisto inevitable. Tras introducir el cilindro con el mensaje en el compartimento-receptor y teclear el identificador de su amigo, Harkanios se retiró a su cama, a sabiendas de que su inquieto cerebro no le iba a dejar dormir. Y así fue, no cesaron de asaltarle todo tipo de preguntas. ¿Sería todo esto una gran equivocación? De no ser así, ¿por qué la Junta de Selección le había escogido para un puesto en Inteligencia? ¿Acaso estaba siendo víctima de una estafa que le iba a llevar de cabeza a un edificio lleno de ladrones? Si realmente iba a tener que ejercer en ese puesto, ¿de qué demonio le habían servido sus estudios, con todo el esfuerzo y costes que estos le supusieron a él y sus padres? Multitud de dudas y escenarios se le iban apareciendo, hasta que, con sorprendente rapidez, llegó la hora de prepararse para una jornada nada usual.

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Reseña: ‘Un mundo ciego’ de María Lange

Hace tiempo que no traigo una reseña al blog, pero ha llegado el momento. No tenía ni idea sobre la existencia del libro en cuestión ni de su autora. No he visto nada en redes sociales ni blogs de literatura, no he oído a nadie ni siquiera mencionarlo de pasada. Esto no puede seguir así.

En mis otras entradas no he sido muy detallado respecto a la ficha técnica de los libros y demás, pero es algo que voy a intentar solucionar en esta entrada porque la ocasión lo merece. No doy más vueltas, os presento ‘Un mundo ciego’ de María Lange.

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Ŝtelisto (Ladrón)

Kiam li unue alvenis, li aspektis kiel iu ajn viro. Lia vasta scio allogis la imagon de ni ĉiuj. Li estis inteligenta, sed ĉefe ruzo. Tiam li ŝtelis treege valoran, nian lingvon. Li sigelis ĝin sub seruro en tiu malbenita grimoire de lia kaj maldekstra.

Ni vagas tra silentaj silentoj dum jaroj. Sed la homo estas nekredebla. Post la komenca ŝoko, diversaj lingvoj komencis aperi sur kiuj socioj estis kreitaj. Ni reaperis.

Nun ni estas disigitaj, sed la tago venos kiam ni reakiros la kuniĝon, ke tiu fripono rompiĝis.

El texto original ha sido escrito en esperanto. A continuación, la versión en español:

Cuándo llegó por primera vez, parecía un hombre cualquiera. Sus extensos conocimientos cautivaron la imaginación de todos nosotros. Era inteligente, pero sobretodo astuto. Entonces  nos robó algo inmensamente valioso, nuestro idioma. Lo selló bajo candado en ese maldito grimorio suyo y se marchó.

Vagamos durante años en mudo silencio. Pero el ser humano es increíble; superado el shock inicial, comenzaron a surgir distintos idiomas sobre los que se crearon sociedades. Estábamos resurgiendo.

Ahora estamos separados, pero llegará el día en que recuperemos la unión que ese truhán rompió.

Este es un microrrelato de 88 palabras en ambas versiones para el concurso ‘Escribir jugando’ de El Blog de Lídia, correspondiente a la propuesta del mes de Julio.