Problemas

Te vi correr a oscuras por el paso inferior del gran puente que conectaba las dos partes de la ciudad separadas por el río. Corrías sin mirar atrás, huyendo de todo aquél lío que habías dejado tras de ti. Tropezaste un par de veces y pisaste de lleno en un charco, pero todo eso te dio igual. Solo querías escapar.

Alcanzaste la sección cubierta por el puente y paraste a recuperar el aliento. ¿Qué era eso que te resbalaba por las mejillas? ¿El agua de la lluvia o lágrimas? Posiblemente una mezcla de ambas.

Entre los montones de chatarra que la gente depositaba en esa zona apenas frecuentada, encontraste un viejo colchón. Agotado y herido, te dejaste caer en él. Un hilo de sangre brotaba de tu labio superior y el comienzo de un chichón empezaba a asomar en tu frente.

Así que era eso: otra pelea. ¿Cuál había sido el detonante esta vez? Bueno, poco importaba; siempre estas activamente buscando el conflicto, como si fuera el combustible que te permite seguir adelante.

Pasaban los minutos y seguías ahí tirado, como fueras un cadáver. Probablemente deseabas convertirte en uno. Al fin te pusiste en pie de nuevo.  Escupiste algo de sangre a un lado y te acercaste al borde de la acera sobre el río. Te quitaste la chupa de cuero, quedándote en camiseta corta, pantalones vaqueros y botas.

Sentándote con las piernas colgadas casi rozando el agua, cerraste los ojos y te detuviste a escuchar el tráfico de vehículos sobre el puente y el chapoteo de la las olas que producían los barcos.

No querías volver a casa, y menos con ese aspecto. No creías ser capaz de ver a tu madre disgustada de nuevo, la decepción de tu padre o el dolor de tus hermanos. Era una familia humilde y trabajadora que intentaba ayudarte, trataban de hacer de tu vida algo mejor. Sin embargo, había algo en ti que solo buscaba tu destrucción y no ibas a parar hasta conseguirlo.

Revisaste tu mano derecha, que palpitaba de dolor. Restos de sangre y una creciente hinchazón delataban tus actos de aquella noche. Te pasaste la lengua por el corte en el labio y saboreaste el gusto metálico de la sangre, al que tan acostumbrado estabas.

Contemplaste la ciudad al otro lado del río, que proyectaba sus luces sobre la irregular superficie de este. Aquella masa de hormigón, acero y cristal parecía representar todo aquello contra lo que luchaba pero también lo que deseabas. El mundo era una maraña de falsas apariencias, promesas incumplidas y sometimiento aceptado. Tú te negabas a aceptar el sistema. Te convertirías en un renegado siguiendo tus ideales, aunque te llevase a una muerte prematura.

Encogiéndote y agarrándote las rodillas, agachaste la cabeza y comenzaste a temblar descontroladamente. Solo querías cambiar el mundo para bien, pero este te estaba aplastando. No tenías esperanza. No tenías futuro. No tenías sueños. Eras un despojo más de esta ciudad.

Solo te quedaba tu inconformismo.

3 comentarios en “Problemas

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