Cacahuete

Desperté confuso, con la mente embotada. El cuerpo me pesaba y se negaba a obedecerme, palpitando con una sensación similar a aquella de dormirse sobre un brazo hasta convertirlo en un apéndice muerto. Me daba vueltas la cabeza y no conseguía reunir las fuerzas para abrir los párpados. Quedé yaciendo ahí, siendo arrastrado por un oscuro remolino de malestar y debilidad.

Minutos después, mis ojos cedieron a mi voluntad y se abrieron de par en par. Sabía que lugar era aquél. Cama de madera ya algo gastada, un enorme armario empotrado, estanterías con figuritas de hadas y todo tipo de mementos, una cómoda con una televisión de tubo encima y, presidiendo todo, una foto de mi difunto abuelo con mi abuela en su boda. Me calmé un poco.

Definitivamente, estaba en el piso de mi abuela, pero no recordaba por qué. Llevaba un par de meses con la idea de visitarla, pero siempre acababa surgiendo una u otra cosa. Bueno, un par de meses no, probablemente hará casi un año. Tras fallecer mi abuelo, la visité a diario durante las primeras semanas. La llevé a visitar distintos lugares de interés para distraerla y hacerla sentir querida, e incluso la regalé un cachorrito para que no se sintiera sola los días que no pudiese visitarla nadie, pero después… Ugh, en ocasiones me odio. ¿Cómo había podido dejar olvidada a mi anciana yaya durante tantos meses? Recuerdo una mezcla de tristeza y rabia bullendo en mí.

Entonces recordé; sí, había venido a hacerla una visita al fin. Recuerdo la taza de colacao que me sirvió, como siempre hacía cuando yo era un niño, y de habernos sentado en el salón a hablar un rato. Recuerdo cómo me recibió con una brillante sonrisa, pero también con un poso de tristeza en los ojos. Una imagen que definitivamente me atormentaría por las noches, haciéndome replantear si realmente era tan buen nieto como previamente había creído ser.

Mas mis recuerdos acababan ahí, sentado en el sofá con una taza de cacao en mis manos. Me esforcé para levantar ligeramente la cabeza y vi entonces viales conectados a mis antebrazos con esparadrapo, conduciendo por su interior lo que claramente era sangre. La calma se desvaneció. ¿Había sufrido un desmayo? ¿Dónde estaba el médico? Necesitaba salir de ahí y encontrar respuestas, pero estaba demasiado débil.

La puerta de la habitación se abre. Tras ella aparece mi abuela con el cachorro que la regalé en sus brazos.

―Ay, nene. ¿Qué tal estas? ¿Quieres que te haga un colacado? ¡El azúcar es bueno para ti! ―dijo con su cariñosa voz habitual.

Intenté preguntarla por el doctor, pero solo conseguía balbucear.

―Uy, no fuerces, cariño. Tú tranquilo, ya casi estás listo. ¿Verdad, Cacahuete?

El perro ladró y saltó de sus brazos a la cama sobre la que yo yacía. El dulce cachorro se acercó a mi rostro y… ¿me miró a los ojos? Sí, definitivamente eso es lo que ocurrió, pero no fue lo menos sorprendente. Abrió su boca, de la cual surgieron largos y terribles colmillos similares a los de los peces abisales. Sus ojos se tornaron en acuosas esferas luminiscentes que irradiaban un enfermizo brillo dorado.

―No te pongas nervioso ahora, nene. Cacahuete llevaba tiempo esperando tu visita. ¡Mírale que feliz está!

Acerté a ver los ojos de mi querida abuela brillar con la misma luz que la emitida por esa horrible criatura de pesadilla antes de que Cacahuete comenzara a desgarrar la carne de mi rostro. Fui devorado, incapaz de emitir ni un sonido de dolor. Incapaz de disculparme con la anciana a la que había abandonado en la soledad a pesar de haberme dado su atención y amor incondicional toda su vida.


Este es mi texto para el reto “Va de reto ” de Noviembre 2019, creado por Jose Antonio Sánchez.

 

3 comentarios en “Cacahuete

  1. A ver como te lo digo Sergio. Uhmm…

    Cuando ideé este reto lo hice pensando en ti. Me dije: «Me apetecen historias de terror. Por cambiar de género y por el mes en el que estamos. Voy a poner personajes que en absoluto parecen idóneos para este tipo de relatos. Estoy seguro que Sergio hace una historia increíble.»
    Y, por supuesto, no has defraudado.

    Cuándo vengo a leer alguno de tus relatos hay una cosa que tengo totalmente segura. Nunca me vas a dejar indiferente. Unas veces me creas terror, otras intriga, otras sorpresa,…

    Eres un genio dándole ese sentido terrorífico a cualquier personaje que cojas y a cualquier historia que te pongas por delante. Entiendo que nunca estés contento con lo que escribes, en eso tenemos el mismo problema, pero te aseguro que, como lector, tus historias me parecen maravillosas.

    Mi más sentida enhorabuena. Me ha encantado esta increíble historia. Eso sí, me has vuelto a poner los vellos de punta con esta abuelita tan poco inocente.
    Un Abrazo.

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