El titiritero entre las marionetas

Por fin, llegábamos al fin del camino. Tras tantos meses de arriesgadas indagaciones y aún más peligrosas incursiones, daríamos caza al origen del lamentable estado de Porto Nero.

A muchos perdimos por el camino que, sin saberlo, nos llevaba hasta él; unos arrestados, otros directamente ejecutados y un puñado derrotados por la desesperanza y la desesperación. Pero ahora sabemos de su existencia, nuestra ignorancia ya no es su escondite. ¿Quién hubiese imaginado que un sinfaz era responsable de la corrupción y el abuso poder de las élites de nuestra sombría ciudad?

Ahora solo queda un último baile entre él y yo; el rey oculto que gobierna a los poderosos contra el rey de facto del mermado grupo que busca liberar la ciudad. Un intento, nada más.

Encajo delicadamente en mis incisivos la máscara de Servetta Muta que cubrirá mi rostro el resto de la velada, al igual que el resto de miembros del servicio de tan espectacular evento. El baile anual de Lady Arafinna, tan lujoso e insultante como siempre, esta vez se convertira en objetivo de auténtica celebración para los habitantes de la ciudad si todo sale como espero.

El jolgorio ya había comenzado hace una hora, por suerte uno de los pocos contactos que nos quedan había accedido a colarme y cederme su puesto. Portando una bandeja repleta de pequeñas delicias, accedo al gran salón. Una muchedumbre de rostros enmascarados y actitud festiva abarrotan la sala, casi supurando como la enfermedad que suponían para Porto Nero. Dónde ellos ven grandes generales, célebres nobles, ricos tejemonedas, disciplinados burócratas o sabios trazaletras, yo solo veo una legión de parásitos y monstruos carroñeros que habían hundido sus dientes en la médula de nuestro hogar y habían acabado emponzoñándolo.

Sin embargo, en esta guerra de personajuchos por obtener la mayor atención, una figura sobria y austera destaca por, precisamente, ser discreta. Mi corazón se acelera al reconocer a mi presa. Pongo rumbo con actitud decidida hacía su posición. Ignoro a los mentecatos que intentan parar mi avance para devorar los manjares que llevo conmigo o, peor aún, dedicarse a jactarse de mí frente a sus compañías. Esta a escasos metros. Entonces mi pie derecho se desliza sin control, haciéndome perder el equilibrio. Caigo al suelo de culo y conmigo, todas las delicias que transportaba decoran ahora mis ropas. El desastre…

Sacudo la cabeza y observo el panorama en el que me hallo. Empiezo a comprender lo ocurrido. El carcamal de Lord Frattilo se ha atragantado con una oliva y ha tosido hasta escupir su dentadura postiza, la cual desafortunadamente se interpuso en mi avance. Ahora el viejo me está amenazando con darme de alimento a los silithos marinos por osar pisar son lujosa dentadura de oro y roble mientras el corrillo de gente a nuestro alrededor se ahogan en crueles carcajadas. Lejos de avergonzarme, esto solo me encoleriza más.

Me levantó y echo a correr, rompiendo el círculo que me rodea con un empujón al gruñón anciano que le hace caer sobre sus escuálidas posaderas. Me da igual que me observen, esto ha de acabar ya.

Deslizo bajo mi manga el diminuto djacki que me regalaron los hermano Calgari el día antes de ser llevados a la horca. Agarro la silenciosa figura por el hombro y la hago girarse hacia mí. No opone resistencia alguna. Arranco su máscara, descubriendo bajo ella una cara que es un lienzo de carne blanca sin nada en ella, a excepción de un pequeño agujero en su centro que da a un infinito cósmico al que sé que es mejor no mirar.

No tiene boca, pero sé que se está sonriendo. Ugh, odio tratar con entidades semidivinas de otras realidades. Clavo el cuchillo-aguja de barba de ballena en la cavidad y salgo corriendo de allí, no sin antes escuchar su cuerpo explotar con un sonido de azul viscosidad que probablemente haya matado a los comensales adyacentes. El delicioso sonido de un sistema tiránico derrumbándose.

En un último vistazo a la sala, veo como viejo Lord Frattilo ha perdido un brazo al explotar el sinfaz. Debía de haberme perseguido para zurrarme con su bastón. En fin, se lo tenía merecido.


Este es mi texto para el reto “Reto de Lubra (Febrero 2020): Baile de Máscaras”, creado por Jessica Galera Andreu.

Obtuve las siguientes condiciones a cumplir en este mismo orden:

  1. Máscara negra:
    • Durante la fiesta, deberás caerte de forma ridícula.
    • Haz aparecer cinco palabras que no existan, inventadas por ti SIN REVELAR que se trata de la condición impuesta. Esto se hará solo al final del reto.
  2. Última frase de tu relato: “Se lo tenía merecido”.
  3. Alguien cree que eres un sirviente de la mansión. Quizás puedas aprovechar eso o quizás te traiga algún quebradero de cabeza.

 

2 comentarios en “El titiritero entre las marionetas

  1. Jessica Galera

    Me encanta, Sergio!!!!! Cómo me he reído con la caída de tu protagonista!!! De verdad, me encantan los relatos así más oscuros que escribes habitualmente, pero algo me dice que con el humor, así con un toque ácido, no te quedarías atrás. Perfectamente hiladas las condiciones requeridas y fantástico relato. ¡Mil gracias por pasare por “el baile” jijijiji! ¡Abrazo!

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